Hablábamos ayer de desgraciados accidentes y de la empatía para con el causante y las víctimas a raíz del descarrilamiento de Santiago y del linchamiento  de los medios al conductor, repitiendo como un bucle las imágenes de su rostro ensangrentado acompañada  de comentarios inquisitoriales que presentaban al trabajador como un monstruo y un depredador. Y no era un linchamiento, recuerden, era  información detallada y rigurosa.

                Ahora la gente se rasga las vestiduras por la reacción del personal sanitario ante el ingreso, tras un accidente de motocicleta, de la Subdelegada del gobierno en Madrid. La encargada de soltar los perros cuando una protesta de la capital incomoda a quienes la colocaron en su influyente ocupación, la encargada de ordenar las identificaciones y las multas de quienes, paradojas del destino, hoy deben sanar su doloroso politraumatismo.

                La protesta no desea ningún mal a la  gobernante de mano de hierro, todo lo contrario, simplemente le propone que se cure en uno de esos Hospitales de idílica Gestión Privada donde todo funciona mejor, todo huele mejor, todo está más limpio y nadie comparte habitación en lugar del destartalado sanatorio de pésima gestión y profesionales incapaces donde se le ha salvado la vida. Solo es eso. Si realmente la política de privatizaciones es la garantía de que seremos curados pronto, bien, y con una sonrisa; los trabajadores no desean a esta respetable señora ningún mal.

                Si embargo en la perversión de lo políticamente correcto, de la protesta estética, se nos presenta a estos trabajadores como ejemplo de mal gusto, como agresores de una indefensa, por sus modos y maneras, son violentos. No son violentos los decretos que recortan en tratamientos y equipamiento hospitalarios, mientras mantienen el salario de los capellanes de Hospital. No lo olvide, la violencia siempre está en las formas, nunca en el fondo. Usted puede redactar, aprobar y ejecutar la mayor barbarie, mientras se publique en el BOE, no será violencia.

                La motorista ha sido salvada, curada diligentemente por quienes ella asfixia con sus políticas de mutilaciones presupuestarias, por quienes ella multa y golpea en sus protestas. Solo  se le pide que predique con el ejemplo.

                Todo esto me da la impresión de que es un pensamiento muy extendido que nadie oirá en una televisión, ni leerá en prensa, por poco elegante y muy poco humano. Lo humano, lo elegante es tratar a un maquinista como un genocida poniéndole las imágenes del accidente que provocó una y otra vez como si de la Naranja Mecánica se tratase. Porque no se olviden la violencia siempre está en las formas.

Elija bien cómo hacer el mal, elija la palabra correcta, el eufemismo. Elija la chaqueta y la corbata, elija la víctima indefensa. Y sobre todo elija bien el bando.