Quienes hemos tenido la desgracia de protagonizar un accidente de tráfico, conocemos de la condena que supone el perfecto recuerdo de catástrofe. Imágenes y sonidos perfectamente nítidos que impiden el olvido y aparecen de improviso, al intentar conciliar el sueño, cuando uno ha conseguido apartar el pensamiento por un momento, entonces vuelves a oír el ruido de cómo se dobla la chapa,  el resquebrajar de la luna o como golpea la carrocería con el quita miedos. Sonidos que hasta entonces eran desconocidos y pasan a ser terriblemente familiares.

Este recuerdo es por si solo una condena, una sentencia de culpable con su castigo incluido, un tormento.

Todo esto me venía a la cabeza mientras veía el último linchamiento que se han permitido los medios con el conductor del tren siniestrado en Santiago. La lapidación social  de un hombre que pudo equivocarse, despistarse, eso ya se aclarará. Lo parece estar claro es que este hombre no se levanto una mañana y fue trabajar con idea de matar a más de 70 personas.

Entiendo que una parte de la prensa se haya arrancado la poca o mucha empatía que pudieran tener para sobrevivir en el foco de infección que habitan. Me atrevería a decir (aunque sea por probabilidad) que alguno de ellos ha sufrido un accidente, un despiste que fue fatal o pudo serlo. Uno de esos percances que te persiguen en la vigilia y el sueño, encontrando mil maneras de evitarlo, imaginando una y otra vez la maniobra salvadora; y que a pesar de ello tienen la desvergüenza de señalar con el dedo acusado a un maquinista al que yo imagino desecho por el tormento del recuerdo, por los sonidos, por la imágenes y los olores que han venido para quedarse.

No se trata de eximir de culpa a nadie, se trata de no linchar, de moderarse, de no disfrutar con el martirio , de no dar una paliza inecesaria para sacar cuatro duros a alguien a quien ya le duele todo el cuerpo y disfrazarlo de servicio público y periodismo. En definitiva solo pido tratar de imaginar cómo puede ser la carga de un hombre, sabiendo que una carga mucho menor ya es insoportable.