Nos ha tocado oír durante mucho tiempo el gastado argumento de que “el político Español está peor pagado que el de el resto de Europa”.  Son incorregibles,  se delatan, se retratan, tropiezan conscientemente otra vez en la misma piedra. En su ya gastada premisa vuelven a olvidarse de nosotros, les traiciona su selectiva memoria y maliciosamente omiten que los camareros, los médicos, los enfermeros, profesores y recepcionistas también andamos peor pagados que el resto de europeos. Si no lo supieran sería grave, pero posiblemente sea peor y conozcan la realidad de las dependientas, los carretilleros , los cirujanos o los parados, también peor pagados que nuestros vecinos, lo saben y ladinamente lo callan.

 Pero mientras la gente a la que desprecian nos hacemos nuestro apaño con nuestros raquíticos sueldos, o nuestras famélicas pensiones, o nuestros esmirriados subsidios. Parece descubrirse que ellos como esos puteros que buscan por burdeles, cunetas y rotondas lo que la esposa les niega en casa, han aprendido a procurarse  la diferencia con sus homólogos europeos a base de sobres, comisiones, complementos del partido y toda una retorcida jerga para nombrar obscenos apuntes contables que no viene a ser otra cosa que robar.

Oír esto no es violento, ni es anti demócrata, no es acoso. Un grupo de personas tocando la cacerola frente a la vivienda de un político es acoso, filo terrorismo y la puerta del holocausto. Y nosotros somos tontos, iletrados y barbaros, y ellos listos, amasadores llenos de una retórica que les exculpa.

No olvide que algunos pueden ganarse una generosa pensión con apenas unos  años de llamémosle  ¿trabajo?, o llamémosle asentir que sí desde un escaño, o mirar hacia otro lado, o  poner el cazo . . . Los pardillos tendremos que trabajar hasta la senectud para que nos dejen comer de las migajas.