Un plano fijo muestra en la muy laica Televisión Española las manos anilladas en oro y las  manicuras perfectas de los purpurados apoyándose sobre la biblia. Una tras otra 115 manos, 115 añillos de oro y 115 manicuras . Quienes tomarán una decisión vital que a muchos nos resultara intranscendente se han encerrado a esperar que venga el Espíritu santo y elija. Ellos solo rezaran para saber quién es el elegido .

Medievales,  rancios, alejados del tiempo que habitan. Esperan entre sillas bañadas en oro,  ataviados con sus casullas purpuras y sus ridículos capelos cardenalicios la revelación . Una parafernalia y una iconografía que ya solo deslumbra a los más entregados. A los creacionistas que niegan la evolución de las especies, a los guardianes de la castidad que miran para otro lado cuando una sotana profana a un niño, a los defensores de un único modelo de familia en el que ya no encaja casi nadie, ni siquiera su vecino de banco en la parroquia.

Las sotanas y los hábitos que forman el rebaño esperan en la plaza una nueva mano anciana, que les guie por el mismo camino de siempre, que lleva al mismo final.

 En pocas fechas las calles se llenarán de penitentes, temporeros de la fe, católicos con fecha de caducidad. Pasearan por el asfalto sus tenebristas figuras llenas de clavos y de sangre, sus vírgenes llorosas, todo su martirio y su muerte. Encerraran su resurrección y volverán a sus pecados, a su culpa y a su miseria, sin hacer mucho caso a lo que el Santo padre coronado por el humo blanco diga desde el balcón de su imponente morada. Incumpliendo por sistema los sagrados mandamientos.

Por mucho humo blanco que ilumine la Divina Paloma, la mayor parte del rebaño solo está interesada en los reyes magos, los banquetes de bodas y comuniones, las torrijas o las romerías inundadas de vino de las fiestas de su pueblo.