Ha llegado la sangría, no esa bebida refrescante típicamente española, más propia del verano que de estos hielos. No. Ha comenzado la Sangría, la extracción de la sangre  del enfermo para el tratamiento de sus dolencias, y las televisiones han venido a oficiar de sanguijuelas para llevarse hasta la última gota de la sangre del enfermo con la falsa excusa de su sanación. Engordaran sus cuentas hasta secar sus venas.

Los desahuciados han sustituidos a los cadáveres en las mañanas televisivas, han adelantado los telemaratones . Curiosos filántropos estos ,que no se conforman con que sepa su  mano derecha  lo que hace su mano izquierda, si no que además exhiben al mundo su altruismo, su caridad de focos y regidor.  La utilización más obscena de la extensión de la desgracia. La  infamia y la vergüenza de un país mutada en espectáculo. Lo que debería avergonzarnos nos entretiene y divierte si se le sazona de números musicales, centralitas y humanitarios números de cuenta pertenecientes a  las sucursales que lo empezaron todo, las que olvidan la caridad y mandan ejecutar las sentencias, las que asienten mientras se revienta la puerta y desaloja a los deudores convertidos en delincuentes económicos .

Mientras las televisiones hacen su agosto con los desahucios, para los políticos se ha convertido en una palabra extremadamente incomoda. El Gobierno de Castilla la Mancha ha remitido un escrito a sus Delegaciones de Vivienda donde se prohíbe la utilización de la palabra Desahucio, a cambio proponen expresiones menos agresivas como “el impago producirá todos los efectos previstos en la normativa”.

La Sr. Cospedal no es especialmente brillante, no ha inventado nada. En 1933, cuando Goebbels comenzó a dirigir el Ministerio de Propaganda de la Alemania gobernada por los Nazis, no tardo en entender que para  evitar la reacción hostil de la opinión pública en muchas ocasiones basta y sobra con cambiar el nombre de las cosas. De este modo previendo que las fastuosas obras arquitectónicas iniciadas por los Nazis en Berlín no gustarían a un pueblo azotado ya por la guerra, decidió llamarlas “ programa de guerra sobre las vías fluviales y los ferrocarriles”, camuflando la realidad del dispendio y el despilfarro.