¿Y si bastase una robótica explicación?,¿ y si un televisor en un altar fuera suficiente?,¿ Y si un telepredicador con un ensayado discurso y una cínica mueca  alcanzara para salir bien parado?, ¿y si resultase que la sospecha de desvalijar un país se justifica con un “yo no he sido” Como el niño que niega haber roto un vaso o haberse comido la última galleta.

Si fuera así, en el siguiente paso nos esperara el abismo, nuestros pies no encontraran tierra firme y nos precipitaremos al vacio .

La suerte de Don Tancredo, era un lance taurino muy popular en la primera mitad del siglo XX. Consistía en que un individuo que hacía el don Tancredo, esperaba al toro a la salida de chiqueros, subido sobre un pedestal situado en mitad del coso taurino. El ejecutante se presentaba completamente vestido de blanco. El mérito consistía en quedarse quieto, ya que el saber de la tauromaquia afirmaba que al quedarse inmóvil, el toro creía que la figura blanca era de mármol y no la embestía, convencido de su dureza.

Nuestro regente, ha decidido rescatar este lance, este recurso de permanecer impávido para salir ileso de la embestida. Pero estamos en otro tiempo, la quietud tiene sus riesgos, hubo quien salió corneado del pedestal, quien no engaño a la bestia, y esta adivinó que tras la blancura no había roca si no fragilidad carne y huesos. Hoy la tecnología nos permite estar ausentes, por qué no subir al pedestal un televisor y esconderse en el burladero a fumar un puro con la cuadrilla cómplices que aplaude la cobarde faena del ausente .