El asco es una sensación muy desagradable, una repugnancia que incita al vomito. Las noticias que llegan van más allá del asco.

El cansancio es una sensación agotadora, nos consume . Lo que acontece nos fatiga, nos debilita, va mas allá del cansancio.

Cuando el noticiero decía que el hijo del ministro indultador trabaja en el bufete que defiende al indultado, alguien muy cercano me dijo muy bajito: “este país me da asco, estoy cansada”.

La impotencia, la falta de fuerza, es un sentimiento asquerosamente agotador.

 La sensación de que maldecir desde el sofá es todo el castigo que somos capaces de infringir.

La impresión de que su exhibicionismo escoltado en los estadios, en los juzgados, no tiene más consecuencia que mi nausea, o tu nausea o un millón de nauseas.

La  percepción de que el olor a podrido lo invade todo mientras los defraudadores, los corruptos, los que dan y los que cogen, los consentidores y los consentidos se mantienen a salvo en sus nubes de Chanel es descorazonadora.

La imagen de un ministro mutado en emperador romano levantando su pulgar, donde residen el perdón y el castigo, da miedo .

Soportamos la burla de que los saqueadores se nos presenten como ejemplo sin ni siquiera blanquear el sepulcro.

Este país da asco, podríamos irnos, o podríamos echarlos y que se vayan con nuestro dinero a sus paraísos fiscales. Pero creo amigos míos que ha ganado el desasosiego, estamos a un paso de rendirnos y entregarlo todo…